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31 diciembre 2015

La clase había terminado

Falta poco para el fin de año. Es extraño, no lo siento. Para mí últimamente ha sido como un uniforme pasar de los días, entre los cuales el invierno se ha colado. He extrañado Londres mucho. Extraño esa creatividad desbordada por todas las calles, su extraordinaria extravagancia, sus personajes con sus raras vestimentas, sus ventanas elocuentes, su apariencia vieja, sus misteriosas calles oscuras, sus casitas de ladrillos, sus innumerables cafés. Pocas ciudades en el mundo deben ser como Londres. Cargada de infinitas historias y que cambia en cada recorrido.

Cuando vivía en Londres a veces daba clases de español. En una ocasión la agencia para la cual trabajaba me mandó a darle una clase a una señora estadounidense. El día de la lección Google maps me plantó frente a una casa en Sloane Square, un elegante barrio londinense. Era una linda “terrace house”, de tres o cuatro pisos, perfectamente mantenida, como todas las de la zona. Me alisé mi vestimenta y me pasé una mano por el cabello para poner en orden mi peinado. Vi mi reflejo en el vidrio. Aprobé mi imagen y toqué el timbre. 

Me abrió una señora de servicio quien me llevó al salón de la casa, subiendo por unas escaleras. El salón estaba bellamente decorado, con buen gusto. Unas flores adornaban la mesita de té y libros de arte, literatura y  fotografía se podían ver en algunos rincones. Por los grandes ventanales que daban a la calle entraba la difusa luz de la ciudad, iluminando la estancia. En una sofá elegante, de esos tapizados al estilo Luis VX, estaba sentada una señora con las piernas juntas e inclinada hacia adelante. Se quitó los lentes al verme. Me relajé cuando la vi. Parecía simpática. Me invitó a sentarme y de inmediato me preguntó si quería algo de tomar, agua, té o café, una pregunta típica en cualquier casa inglesa. Pedí té con leche y no se hizo tardar. A los minutos, junto a mis papeles, colocaron una linda taza de porcelana con un detallado diseño de flores, la azucarera de plata y una sencilla jarrita con leche. Luego de presentarme comencé la clase. Avanzamos fácilmente por la lección. Era una alumna inteligente y receptiva.

Ya hacia el final comenzamos a hablar de otra cosa. Le pregunté si le gustaba Londres, una pregunta que siempre me gustaba hacer y que daba paso a interesantes conversaciones. Los ojos se le llenaron de nostalgia. Traté de disimular mi sorpresa. Esa señora, ahí sentada en la sala, que podía vivir en cualquier parte del mundo a juzgar por el lugar donde vivía, sentía nostalgia. Me contó que a su esposo lo habían mandando a Londres a abrir un bufete de abogados. Y que no podía decir que no. Tenía ya algunos años viviendo ahí, pero todos sus amigos y su familia, incluida su hija, vivían en USA, en el norte, si mal no recuerdo, cerca de Boston.

Extrañaba mucho a su familia. Me contó que estaba aprendiendo español porque su yerno era cubano. Su hija se acababa de casar con él. Estaban de viaje en algún país exótico. Una sombra de preocupación surcó sus ojos. Yo le dije que me alegraba mucho, “imagínese, poder hablar español con su yerno, que bueno. Y que interesante que su yerno fuera cubano”. Ella continuó un poco más. Su preocupación era que era cubano. “You know, a cuban. I am a little worried”. Le pregunté a qué se dedicaba él. Me mencionó que estudió con su hija, en la misma universidad, alguna famosa, y su carrera era algo relacionado con ciencias. Y que ahora vivían en un país exótico porque estaban haciendo una especie de trabajo de grado. Empecé a hablarle un poco del mundo latino, de que no tenía nada malo que su yerno fuera cubano, que era excelente conocer otras culturas, que seguramente él era una excelente persona, que no había de qué preocuparse. 

Le hablé de Latinoamérica, de todos los lugares fabulosos que iba a poder conocer, de sus paisajes variados, de las playas, de su comida, de su música. Me decía que además de eso quería regresar a USA para estar cerca de sus seres queridos. Mientras la escuchaba me sentí maravillada por haberme identificado con ella en cuanto a la nostalgia. La entendí completamente. A pesar de que Londres siempre ejercía ese extraño hechizo sobre las personas, que hacía que todos la amáramos, al mismo tiempo había algo en ella que hacía que la nostalgia se exacerbara. Le dije que me encantaba Londres y en eso, claro, coincidimos también. Y para mi sorpresa me contó que muchas veces su esposo y ella tomaban uno de los típicos autobuses rojos londinenses, se montaban en el segundo piso, y desde ahí, sin destino conocido, se dejaban llevar a cualquiera de sus rincones. Terminaban siempre asombrados con las curiosas cosas que veían y con los innumerables matices de Londres. Ella que fácilmente podía andar en un carro elegante junto a su marido, prefería mezclarse con la gente y con el frenesí londinense. ¿Y es que quién se puede resistir al embrujo de la vieja y mimética Londres?

Terminé mi té, que ya estaba un poco frío y lentamente recogí mis cosas. No quería irme. Me hubiera encantado quedarme a hablar un poco más con esa señora. Intuí que también ella así lo hubiera querido, pero la clase había terminado. Me despedí alegre de haber conocido a esa señora y una vez más me encontré caminando por las calles de esa extraña ciudad, admirando su hermosa arquitectura, pero eso sí, ese día mi nostalgia se hizo un poco grande.



30 marzo 2013

El país que no existe

A veces cuando traspasas una puerta no sabes que dejarás un mundo atrás. La lluvia y el silencio invernal de Londres se desvanecieron en el instante en el que entramos al sitio. A veces no sabes lo que puede ocurrir con el sencillo acto de presionar una manija hacia abajo y dejar que una puerta se abra para mostrarte un mundo. A veces no sabes lo que puedes conseguir cuando te aventuras unas calles más allá o tomas otra ruta de autobús diferente a la habitual. Antes de entrar al lugar dudé un poco: ¿y si nos miran? ¿y si saben que no somos como ellos? ¿Me verán los hombres porque no llevo velo? Pero aún así, más allá del interrogante, igual nos aventuramos. Aunque H estaba tranquilo.

Ya dentro varias personas esperan  a ser sentadas. El lugar lleno, ruidoso, voces que se solapan. Mucho movimiento. “Mesa para dos” le respondo al mesonero que me pregunta y nos lleva a un lugar al fondo, al lado de dos chicas: una turca y otra asiática. Vemos los platos humeantes sobre sus mesas, repletos de comida. H y yo nos vemos las caras y con los ojos nos decimos que la comida luce deliciosa. De la pared cuelga una hermosa foto de un lugar que no reconozco. ¿Qué lugar de Turquía será? Me pregunto. Ya varios días con el deseo de visitar Estambul, la antigua Constantinopla, parte de la antigua ciudad de Bizancio. Así que nos aventuramos a esa zona de la ciudad donde los ingleses son escasos y resalta la gente con facciones turcas. A cada a lado de la calle, se ven pequeños comercios del medio oriente, de esa parte del mundo que conozco tan poco y que de alguna forma no está “mapeada” en mi mente. Como siempre me ocurre, me atrae lo desconocido, lo que nunca logro asir totalmente.

Con el menú en la mano empezamos a descifrar el nombre de los platos y husmeamos la mesa de al lado para ver qué podemos pedir. Todo el lugar huele a parrilla. Es un restaurante de kebab. Los mesoneros gritan en lo que yo creo que es turco. Aunque prácticamente no como carne roja, la idea de comer un poco de pollo asado me apetece. Y seguimos viendo el menú donde se leen platos con porciones de berenjenas y humus. El mesonero nos sonríe y nos escucha pacientemente. Anota todo y se va. Al instante la chica de al lado empieza a hablarnos. Nos cuenta que entramos en el mejor restaurante de la zona. Y que esta es la mejor comida que se puede comer por aquí. Y con mis ganas de saber más sobre Turquía le pregunto si es ella es turca.
 - No, soy de Kurdistan.
Al escuchar la última sílaba del nombre pienso que su país, posiblemente está en conflicto. Y ella continúa explicándome: “Desafortunadamente mi país está invadido por varios países” dice. Me quedo sorprendida. Saca su teléfono y me muestra unas preciosas fotos de su Kurdistan y me dice que es un lugar montañoso. Me recuerda a Mérida, en Venezuela. Le pregunto cuántos años tiene en Londres y me dice que trece años. Le pregunto si quiere regresar y me dice:

- Cuando sea un país democrático me gustaría regresar, sí.

Sonrío y pienso en Venezuela. Luego me muestra un mapa de su país, y los países que de acuerdo con ella lo tienen invado. Sobre el mapa se ve su bandera. Se me encoje el corazón al ver su mapa. Pienso que su país no existe, al menos en los mapas, al menos en la descripción de Wikipedia. Pero para ella sí. Pienso en la necesidad de la identidad, la necesidad de pertenencia. Los temas que nos planteamos cuando estamos lejos del propio país. Pienso en las fronteras, en la necesidad de demarcar un territorio, en todas esas veces en que dibujé el mapa de Venezuela y su bandera. En todas las oportunidades en que nunca dudé de pertenecer a un país.

La chica me explica que ahí lo que sirven es comida de Kurdistan, que no es comida turca. Es decir, su comida. Ella se siente orgullosa. Por un momento Londres se desvanece y afuera hace calor. Estamos en el oriente medio. Miro a mí alrededor. Es otra ciudad. Un niño vestido con un traje típico. Más allá una mujer con velo. Los hombres con sus cabellos ensortijados. En una mesa una gran familia asiática se entrega a comer. El mesonero nos trae los cubiertos y con la mejor de sus sonrisas me dice que me trajo un cuchillo especialmente pequeño para mí.

No me siento extraña ya. Vaya, me siento bien. Y la comida llega y está deliciosa, hecha a la parrilla, con sabor casero. Un simple arroz sabe a gloria, el pollo en cuadros, exquisito. Un tomate horneado, un chile verde coronando el arroz. Viene la crema de berenjena con tomate, el pan turco (¿o kurdo?) asado, la sencilla ensalada verde con su rica vinagreta. De beber me llega el yogurt amargo que pedí. Tan sencillo y tan sabroso. Mientras comemos la chica me cuenta sobre su país. Y veo con curiosidad que le llega un té. Y claro, a probar ese té después. Su amiga asiática se desinhibe y nos cuenta que es de Indonesia y riéndo nos dice que mejor no vayamos a Kurdistan, porque todas las noches es Nuevo Año (refiriéndose al sonido de las bombas que caen cada noche). La chica kurda le dice que deje de fastidiar, medio riendo, medio en serio. Y la chica de Indonesia no para de reír. En eso llegan dos chicos amigos de ellas. Uno de ellos también de Kurdistan y el otro de Somalia. Todos somos extranjeros. Cuando decimos que somos de Venezuela, el chico kurdo me dice que veía la novela Cassandra, vaya el tamaño del mundo. Y también veía Marimar, aunque le digo que esa es de México. Descubro que en Somalia también comen caraotas y el chico me lo dice con un perfecto inglés británico. Me pregunto cuál será la historia de cada uno y cómo y por qué llegaron aquí.

Por un rato reímos y hablamos. La pasamos bien. Me llega mi té que sabe a gloria. Un digestivo maravilloso. Y así el mesonero discretamente nos hace saber que hay gente esperando por mesa. Sorpresivamente la cuenta resulta muy económica. Más tarde en un café un poco más allá, me como una deliciosa baklava y H un café con leche. Recuerdo la panadería de San Antonio de Los Altos, llamada Beirú, mientras estamos en el café. Nos vamos a la casa con el corazón contento y con ganas de volver.

Y así fue cómo me enteré de Kurdistán, el país que no existe. Y también supe que a los gay los matan en Somalia, pues me lo dijo H, así que el chico somalí no puede regresar a su país. Y así muchos países se desvanecen en sus propias sombras.


17 noviembre 2009

Entrevista a un inmigrante en UK

A muchos de aquellos que queremos emigrar nos gusta indagar sobre la vida que llevan emigrantes en sus países de acogida. Por eso sigo con esta otra entrevista hecha a una persona muy cercana a mí. Ella ha vivido en varios sitios por su amor a viajar y a conocer, y nos deja algunos comentarios acerca de su experiencia viviendo en otros países. A continuación podrán disfrutar de la entrevista:

1. Fecha de salida de tu país de origen: 2 de sep 2005

2. País de destino: USA

3. País en el que actualmente vives: UK

4. Edad y sexo: 29 años. Femenino

5. Ocupación y/o profesión: Lic. en Administración de Empresas. Ocupación: vendedora, camarera, asistente administrativo.

6. Estado civil (soltero, casado, divorciado, viudo): Casada

7. ¿Por qué decidiste emigrar?
Porque lo que comenzó como un viaje de aventura terminó en tener como última opción vivir en Venezuela. Hasta que no supe cómo se vivía en otros países, no me di cuenta lo mal que se vive en un país inseguro. El otro día paseaba de noche por Londres y vi a tres chicos que iban jugando a asustar a la gente: se acercaban y les gritaban. La mayoría no se asustaba, se reían sin más, no tenían en su interior el reflejo venezolano de que alguien a menos de un metro es un potencial asaltante. Me imaginé hacer eso en Venezuela y recordé lo intranquilo que uno vive allá y me sentí feliz de estar aquí.

8. ¿Por qué elegiste el país de destino?
Porque una amiga de una amiga mía se ofreció a recibirme.

9. ¿Se cumplieron tus expectativas?
Sí se cumplieron. Me fui con 500 dólares en el bolsillo, estuve un año en USA, trabaje sólo 6 meses, y el resto del tiempo lo dedique al objetivo principal de ese viaje, que era conocer otras culturas y viajar dentro de ese inmenso país. Me regrese a visitar a mi familia con unos ahorros para seguir mi viaje hacia otro continente.

10. ¿Qué fue lo más difícil de tu proceso?
Lo más difícil fue superar los miedos y prejuicios que uno tiene. Salí de mi país con un estatus alto y llegué a otros país con muy poco dinero. La primera vez que haces un trabajo no profesional (camarera, vendedora de tienda, etc) te sientes un poco extraño contigo mismo y tienes que superar las tonterías que vienen a la mente. Eso se me pasó rápido cuando me imaginaba que sino trabajaba iba a tenerme que regresar, y mi sueño de viajar se terminaría cuando no había ni comenzado, así que mi orgullo desapareció.
En mi opinión lo que hay que saber manejar mejor es la incertidumbre. A las tres semanas de haber llegado, recibí mi primer cheque del trabajo y no me alcanzaba para nada. Tenía que pagar parte del alquiler y la comida. De los 500 dólares sólo me quedaban 80, y el cheque era como de 300 dólares, porque me dieron pocas horas de trabajo. Me di cuenta que con ese trabajo no iba a poder sobrevivir. Pensé que sólo podían pasar dos cosas: que me tuviera que regresar o que encontrara otro trabajo, así que no había razón para el pánico. Le dije a todo el que se me cruzó en mi camino que buscaba trabajo y a los tres días tenía un nuevo trabajo. Ahhh y nunca había hablado inglés fuera de clase. Tuve que anotar en un papel lo que tenía que decirle a los clientes. Ahora me da risa cuando recuerdo que tenía que leer "How can I help you?"
11. ¿Qué harías diferente?
Creo que nada.

12. ¿Regresarías a tu país de origen?
Espero no tener que hacerlo. Sólo fuerzas mayores me harían regresar, porque la forma de vida de mi país, a mi no me va.

13. En una palabra, ¿cómo definirías el ser inmigrante?
Multicultural

09 noviembre 2009

Entrevista a un inmigrante en Montreal, Canadá

En esta búsqueda o deseo por tener una mejor idea de lo que significa emigrar, quise hacer algunas entrevistas a algunos inmigrantes.


Comencé por mi primo, que se fue desde Venezuela a vivir a Montreal, en la Provincia de Québec, Canadá. Él se fue a través del Programa de Inmigración de la Provincia de Québec. Luego de buscar trabajo por un mes, actualmente trabaja en su área. Se preparó en francés asistiendo a los cursos de la Alianza Francesa. Él mismo, personalmente, hizo la aplicación al programa, consignando los documentos necesarios y siguiendo el procedimiento que aparece en la página web del Gobierno de Québec. No pidió los servicios de abogados expertos en inmigración.

A continuación les dejo la entrevista.


1. Fecha de salida de tu país de origen:
Marzo 2008

2. Ciudad y País de destino:
Ciudad Montreal. Canadá.

3. Ciudad y País en el que actualmente vives:
Montreal. Canadá


4. Edad y sexo:
Edad 33 - Masculino.

5. Ocupación y/o profesión:
Ing. electricista

6. Estado civil (soltero, casado, divorciado, viudo):
Soltero

7. ¿Por qué decidiste emigrar?
A diferencia de muchos, no emigré por las condiciones económicas-políticas de mi pais. Es un proyecto que tenía en mente por más de 15 años. Me parece una experiencia enriquecedora, llena de retos, que te permite crecer como persona.

8. ¿Por qué elegiste el país de destino?
Elegí Canada y en especial la ciudad de Montreal por varios factores. Algunos de ellos:
- Tiene una calidad de vida adecuada a mis expectativas: seguridad, excelente red de transporte público, costo de vida bajo, entre otros.
- Posee una economía y una democracia estable.
- Por las 4 estaciones bien marcadas. Este hecho le da un dinamismo a la vida cotidiana que me parace fascinante. Disfruto tanto el invierno extremo como el corto verano.
- Poder hablar tanto inglés como francés en una ciudad como Montreal. Donde el francés es la lengua oficial y en la práctica convive con el inglés.
- Los grandes espacios verdes de la ciudad.
- El costo de la educación superior en Montreal es bajo comparado con el resto de las ciudades norteamericanas. Cuenta con varias universidades reconocidas mundialmente.

9. ¿Se cumplieron tus expectavivas?
- Definitivamente se cumplieron y se siguen cumpliendo cada día.

10. ¿Qué fue lo más difícil de tu proceso?
- El haberme preparado por varios años para emigrar me permitio llevar el proceso de forma natural. Diría que lo más dificil, sin haber sido un trauma, fue no poder expresarme tan fácilmente como uno lo hace en su lengua materna. Sin embargo eso se adquiere de forma natural siempre y cuando estes dispuesto a practicar día a día.

11. ¿Qué harías diferente?
- La verdad estoy muy satisfecho con mi proceso. Creo que haría lo mismo.

12. ¿Regresarías a tu pais de origen?
- No lo tengo planteado.

13. En una palabra, ¿cómo definirías el ser inmigrante?
- No creo que haya dos inmigrantes iguales. Sería muy temerario de mi parte definir algo que encierra tanto y es tan complejo.

05 noviembre 2009

Recomendaciones de un inmigrante: factores a considerar

En uno de mis post anteriores, Cinco consejos para el aprendiz de imingrante, Jorge, uno de mis seguidores e inmigrante ya veterano, dejó un comentario realista, positivo y divertido, para aquellos que desean emigrar. Gracias a su experiencia viviendo fuera de su pais de origen hace ya un buen tiempo, nos deja algunas valiosas recomendaciones y reflexiones para aquellos que están pensando en dejar su pais. No quería que su excelente comentario se quedara perdido entre los post, así que aquí se los dejo para que lo disfruten y puedan enriquecerse con estas palabras en el momento en el que deseen dar ese paso de dejar sus países atrás.

"Como emigrante que soy, desde 1999, quería agregar un par de observaciones que podrían cambiar la forma en la que el aspirante a emigrante toma decisiones. La primera observación es la tendencia del emigrante a idealizar el estilo de vida de otros países. El riesgo de inmigrar a un país con esta actitud es, que con el tiempo, puede conllevar a desilusión. Es muy posible que un destino termine siendo bastante diferente a lo que uno se imaginaba. Mi punto es que cuando uno elige un país a donde emigrar, hay que tener en cuenta que países en los que uno desearía vivir podrían ser lugares terribles para inmigrar (es decir, no hay trabajos, la gente es maleducada, es muy difícil estabilizarse legalmente, económicamente o emocionalmente, etc.), pero también lugares que uno nunca consideraría podrían resultar siendo lugares ideales para vivir. El problema es que es difícil (si no imposible) determinar cual país es cual sin haber vivido allí. Mi consejo es que consideres otros factores cuando decidas emigrar y deja que el país se elija solo (con esto no estoy diciendo que uno considere países como Corea del Norte). Factores importantes al elegir un país son: oportunidades de trabajo, que tan fácil es inmigrar al lugar, que prospectos hay para una vida exitosa y remunerada, idioma, etc.

La segunda observación es que la mayoría de los países desarrollados desean mano de obra calificada, y en muchos de estos hay mecanismos para facilitar la inmigración de gente calificada. Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Gran Bretaña tienen un sistema de puntos que es bastante claro. En USA el sistema para aceptar gente calificada es más complicado y subjetivo. Por supuesto, no todo el mundo tiene las calificaciones necesarias para inmigrar a través de este mecanismo. Pero si no las tienes, ¿por qué no considerar obtenerlas? En mi opinión, estudiando en el país donde decidas vivir es la manera más segura de inmigrar. Si vas a hacer maestría o doctorado, hay varias opciones para obtener financiamiento para tus estudios; por ejemplo: dando clases de idiomas o alguna materia relacionada con tu carrera (esto se llama en USA “Graduate Teaching Assistant”), haciendo investigación mientras estudias (esto es “Research Assistant”), o alguna forma de beca (estas son generalmente más difíciles de obtener). De los ejemplos, las primeras dos opciones son más fácil de obtener si conoces al profesor/jefe/tutor encargado. Consejos que podrías aplicar para maximizar las posibilidades de obtener una de estas opciones son:
- Establecer contacto con el profesor bien sea a través de un conocido en el departamento, otro venezolano que hayas identificado en el departamento o simplemente llama a la persona por teléfono y expresa tu interés de ser parte de su equipo de investigación o dar clases de idioma en la universidad.
- Ve a hacer una pasantía (por varios meses o incluso un año) con el profesor con el que te gustaría trabajar. Si haces un buen trabajo, generalmente al profesor le gustaría que hicieras un post-grado con él y financiarte tus estudios. La gran mayoría de estudiantes extranjeros que conocí, entraron de esta manera. Ten en cuenta que un profesor prefiere trabajar con una persona que ya conoce y sabe que puede hacer un buen trabajo, que trabajar con una persona con mejores calificaciones pero que no conoce.
- Paga el primer trimestre, semestre o año y negocia tu cambio a “teaching assistant” o “graduate assistant” (muchos, incluyéndome a mí, hicimos así).

Finalmente, ¿Qué puedo decir acerca de emigrar a otro país? Es una aventura, en muchos aspectos, muy similar a películas como Indiana Jones y esa de Michael Douglas de la esmeralda perdida. Superficialmente es una aventura emocionante, exótica e idealizada. En el día a día, es difícil, hay que trabajar duro, puede ser estresante y está lleno de incertidumbres. Pero al final, trae mucha satisfacción y te deja con la sensación de que estás listo para otra aventura. Estoy seguro que no todo el mundo va a estar de acuerdo conmigo, pero esa es mi actitud hacia el futuro."

17 octubre 2009

De España para México: la historia del taxista

Recuerdo una vez, estando en Ciudad de México, un taxista pasó a recorgerme por la puerta del edificio donde me estaba quedando. El chico, muy amable, me abrió la puerta y puso mi equipaje en la maleta del carro. Ya dentro del auto le pregunté cuánto tardaríamos en llegar al aeropuerto y que ruta iba a tomar. Cual fue mi sorpresa cuando aquel típico mexicano empezó a hablar con un marcado acento español. "Un momentico", le dije, "¿Qué le pasó a tu acento mexicano?", le pregunté estupefacta, pues lo que menos me esperaba es que un taxista con marcadas raíces mexicanas hablara con el acento de los conquistadores. "Pues mire" comentó amablemente, "mi madre, que es mexicana, se casó con un español y ha vivido desde entonces en España. Yo nací y crecí allá y estudié turismo. Tener buenos ingresos en el área del turismo es difícil en España. Yo quería conocer la tierra de mi madre y pues aquí estoy. Me va muy bien con el negocio de los taxis. A penas llegué comencé como taxista y empecé a indagar en el negocio. A los meses ahorré para comprarme mi primer taxi y ahora tengo alrededor de cuatro taxis que alquilo, más este. Mi meta es llegar a diez, como el dueño de la línea (o sitio de taxis, como dicen en México), y vivir de ello comodamente. Con esfuerzo y con trabajo lo lograré y siento que en este país hay muchas oportunidades. Espero comprar una casa en menos de un año. Yo me quedo aquí".
Me bajé del taxi, pensativa y sonriente porque me había encantado la historia. Tanta gente queriendo emigrar a España y este chico, muy joven por cierto, encuentra su lugar en la vida, en la tierra que su madre dejó atrás, que para muchos pertenece al tercer mundo. Y encuentra más oportunidades que en la muy solicitada España, donde muchos otros sueñan con cumplir unos deseos similares al del chico emigrante en México, el lugar de sus ancestros.

12 octubre 2009

Libro gratis: la experiencia de emigrar a Canadá contada por personas como tú

En una de mis búsquedas en internet sobre este tema que me apasiona: la inmigración, encontré el blog Los Ziegler en Canadá una familia que emigró desde Argentina al bello país del maple hace ya cuatro años.

El blog está lleno de excelente información y reflexiones, y muestra el proceso de esta familia en su adaptación a Canadá. Podrás encontrar información relacionada con la entrevista del Servicio de inmigración de Québec, los exámenes médicos, la mudanza, la visa, como es el sistema de educación, cómo sacar la licencia de conducir y muchos otros temas que enriquecerán tu propia experiencia como inmigrante.

Una de las cosas que más me gustó es que de esta experiencia hicieron un libro electrónico que puedes descargar de forma gratuita para que lo imprimas y lo leas en cualquier lugar, o para que simplemente lo revises en tu computadora. La pareja Ziegler tiene tres hijos y emigraron de Argentina.
Espero que esta experiencia detallada en el blog les sirva a ustedes para conocer de manera profunda lo que pueden vivir o encontrar, al dejar sus países de origen, en un lugar como Québec.