17 octubre 2013

Kamiros y Monolithos

Las ruinas de la antigua ciudad de Kamiros se encuentran también a la orilla del mar. Una fantástica ciudad griega, en donde se pueden ver los espacios que ocupaban el ágora, los baños públicos, la calle principal, los templos y las casas de sus habitantes. Eran tan avanzados que hasta contaban con una sisterna para llevar agua a diferentes partes de la ciudad. Era una de las tres ciudades (junto con Ialyssos y Lindos) que conformaban la poderosa ciudad-estado de la isla de Rodas durante el siglo V A.C.

 Cuando fuimos la brisa soplaba fuertemente y hacía un Sol inclemente. Salvo por las ruinas en sí mismas, no hay rastaurantes o tiendas de recuerdos, así que el lugar parece estar inmerso en el silencio. El día que fuimos no había mucha gente, así que fue muy agradable caminar por la vieja ciudad. Hermoso andar sobre lo que se cree que fue el templo de Atenea y explorar lo que fueron las habitaciones de los pobladores.


Al rato nos fuimos a dar un chapuzón en la playa de enfrente y al final del día nos aventuramos a recorrrer la isla un poco más, por la zona menos poblada pero no menos bella. Seguimos por la costa y empezamos a subir las montañas y luego de pasar varios pueblitos, llegamos al castillo de Monolithos, construido por los Caballeros de la Orden de San Juan, un lugar que parecía suspendido en el tiempo y que transmitía la sensación de estar apartado de la civilización. Los cencerros de las cabras se escuchaban a lo lejos y tuvimos la suerte de llegar para ver el atardecer, en lo que para mí fue el lugar más mágico de la isla.



Por aquí seguiré la próxima semana.

07 octubre 2013

Paseo de silencio

Hora de escribir la continuación de la entrada anterior. Les hablaba de Rodes. Y ya estamos en otoño. La luz es suave, difusa y tímida. Atrás quedaron los días de verano, largos y calidos. Y ya empieza el frío y con él el recogerse en lugares cerrados, museos, cines, cafés, la propia casa, el restaurante español de la esquina, el griego cerca del Broadway o el Tailandes de más allá, o ver pelis, sostener en las manos alguna bebida caliente y humeante, salir a caminar con cuatro suéteres encima y esperar a que vuelva a salir el Sol nuevamente. La naturaleza ha sido benigna este año en Londres (o ironicamente el calentamiento global, pero como me gusta el romanticismo, pensemos que es la naturaleza). Hasta el día de hoy el clima sigue estando agradable. Ayer salí al parque desenfrenada para aprovechar lo que creo que son los últimos rayos cálidos de Sol de este año. Hice un poco de Taichi con una amiga. Cuando hacemos Taichi los perros se acercan y nos miran extrañados. Yo supongo que es por la lentitud con la cual nos movemos. Es muy curioso ver cómo nos miran y se quedan quietos solo viendo.
He estado pensando cambiarle el nombre al blog, pues ya el nombre es anacrónico. Pero ya mucha gente lo conoce así. ¿Será que sólo se lo cambio en la cabecera? Y es que no representa todo lo que quiero. Lo seguiré viendo.
Quería pasar por aquí para seguir mostrándoles fotos de nuestro viaje a Rodes. En vacaciones a nosotros nos fascina agarrar un carro y pasear por un sitio. Deternenos en recodos del camino y suspirar en frente del paisaje. Preguntarme cómo algo tan bonito o misterioso puede existir. Dejarse maravillar una y otra vez. Y ponerme filosófica por unos momentos e imaginarme la inmensidad del mundo antes de lanzarme al agua.
Aquí les muestro la playa de Tsambica. Lo que me gustó de ese día es que había mucho viento, polvo y bruma. Así que me entretuve un ratico sacándole fotos a las olas. Me recordó un poco a la playa de Choroní en Venezuela, aunque no tan rebelde ni con tanto follaje.


Luego subimos a un monasterio que quedaba en la colina de al lado, en medio del más absoluto silencio del viento, a la hora del atardecer. Pero aún no termino, quisiera seguir mostrándole cosas de por allá en otro post en estos últimos meses del año y a contarles un poco qué estoy haciendo. Por cierto, hace poco diseñé este blog. Pasen a mirarlo, porque lo está estrenando. Y si quieres comprar alguna de mis fotos puedes visitar mi tienda en línea. Que se me había pasado mencionar.







16 julio 2013

Pensando en Ulises

Me gustaría extenderme. Hablar sobre el delicioso viaje que se puede hacer a Rodas, una gran isla griega pegadita de Turquía, en el mar Egeo, donde dicen de disfrutar del Sol más de 300 días al año. O sea, un lugar ideal para los amantes del astro rey. Nos fuimos en temporada baja, así que las multitudes aún no habían llegado. En esos días nos dejamos arrastrar por la ilusión de estar en un lugar apartado, aunque Rodas es uno de los lugares turísticos preferidos por los europeos, según leí por ahí.

Luego de pasar un invierno y una primavera bien fría, sin Sol, bien oscura, visitar Rodas fue como una gran escapada para vestir sandalias y faldas todo el tiempo. El clima estaba delicioso, el cielo azul intenso, con un Sol desenfadado. Rodas es una isla con colinas, así que el paisaje varía desde la costa hasta las montañas. 

Lo más impactante son las ruinas grigas que hay ahí. Para aquellos que se sienten atraídos por el pasado y por nuestros orígenes, Rodas es una isla perfecta para combinar en un mismo día un paseo la playa con visitas a ruinas que datan del año 500 antes de Cristo. Poner el pie por donde pasaron los antiguos griegos para ir a celebrar una ceremonia en honor a la diosa Atenea, la poderosa diosa de la guerra, no tiene comparación. Y la energía de la isla es potente, con sus pequeños monasterios sobre las colinas. Era cerrar los ojos e imaginarse al viajero Ulises navegando a lo lejos. Era imaginarse a los grigos asistiendo a la presentación de alguna tragedia en alguno de sus anfiteatros. Dejarse llevar por los mitos y las historias de lo que llamamos "el origen de la civilización". Era meterse en los inicios de la literatura.  Era pensar en Homero y su famosa Odisea. Imaginarse a Elena y al Caballo de Troya. Era escuchar el canto de las sirenas y tenerse que amarrar a la punta del avión para tener la fuerza para regresar al frío londinense.

De la isla en general me impresionó que estuviera limpia. Se siente una isla própera, a pesar de las noticias sobre la crisis griega. Me parecieron unos expertos en turismo. Hablan varios idiomas, inglés, italiano, holandes, alemán. Realmente saben aprovechar lo que tienen. Y con el buen clima de la isla producen muchas cosas para su propio consumo y para el turismo. Las aceitunas son una delicia. Su historia es extensa y variada. Los Cabelleros de la Orden de San Juan pasaron por ella, durante el imperio Bizantino, dejando la ciudad amurallada, construída sobre las ruinas de la ciudad de Roda de los antiguos griegos, impactante por sus grandes murallas, su zona árabe y el museo arqueológico, en donde brillan los tesoros desenterrados de las excavaciones hechas por toda la isla.

Lindos, unas ruinas sobre un peñasco al borde del mar, con dos bahías, una a cada lado, fue uno de los lugares que más me impactó. Aquí les dejo algunas fotos de Lindos, un paisaje que se quedó marcado en mi memoria, con sus aguas verdes, cristalinas y serenas. Su pueblo, aunque marcadamente turístico, está hermosamente labrado para dejarse perder por sus callecitas llenas de historia. Espero en un próximo post traerles más fotos.

10 mayo 2013

La bandera de Etiopía

Caímos en Trafalgar Square por casualidad ese día. Es sábado por la tarde. La estatua viviente no se movió ni un milímetro al vernos pasar. Los turistas la veían divertidos con su atuendo de antaño y su digna postura similar a las tantas estatuas que adornan la ciudad de Londres. El cielo plomizo, la risa en el ambiente, la brisa despeinando a los paseantes mientras miran a lo lejos el Big Ben y se toman fotos al lado de los leones. Pero en medio de aquel paisaje citadino, debajo del Almirante Nelson y a un lado de la fachada de la Galería Nacional, un grupo de personas manifiesta silenciosamente por los desaparecidos en algún país. Una lista de retratos cubre el piso delante de ellos. Veo algunos rostros, me imagino sus posibles paraderos, Veo a los manifestantes. Callados, impotentes con la bandera de su país en sus manos. Pienso en Venezuela. Llevo mi cámara en la mano pero no les tomo fotos.

Sigo caminando y del lado izquierdo del gran edificio del museo, una alfombra de banderas cubre el piso. El público mira y busca su bandera. Una chica agachada se afana en pintar las banderas con tizas de colores. Me gusta ver cómo pinta y me acerco para tomarle fotos a ella pintando y a las banderas. A algunas ya les han puesto monedas. Por costumbre y respeto a los artistas de la calle me acerco a poner una moneda si quiero tomarle fotos. Veo las banderas, algunas con sus escudos, ramitas, lunas, estrellas, unas con colores similares, otras muy distintas entre sí, colores pasteles, colores fuertes. Pongo una moneda sobre la bandera de Etiopía, que es la que me queda más cerca y porque la pobre no tiene monedas, además, pienso, debe ser difícil que un turista de Etiopía pase hoy por aquí. Me viene a la mente la imagen de un niño etíope en el desierto, como nos los han mostrado una y otra vez. De inmediato la chica se voltea, me da las gracias y me sonríe con una mirada pícara. La miro y veo que está llena de alegría y inocencia. Y como sucede fácilmente en Londres, comienza una conversación:

- ¿Cómo es Etiopía? – me pregunta.
- ¡No! Yo no soy de Etiopía, soy de Venezuela.
 - ¡Ah! Venezuela! ¡Olvidé pintarla!

Y en el mismo momento voltea a ver una hoja en el piso y busca la de Venezuela. Me viene a la memoria las innumerables veces que yo de niña abría el gran diccionario Larousse rojo y veía todas las banderas que forraban la contraportada. Me imaginaba el mundo uniforme y amigable. Y creía que todo el saber se encontraba en ese diccionario. La chica se concentra en pintar la bandera. Yo le tomo fotos mientras la pinta, sus manos llenas de tiza, moviéndose para difuminar los colores. Me pregunto cuántas estrellas le pondrá. - ¿Quedó bien? - ¡Perfecta! – le digo sin contar las estrellas. Y le doy las gracias. Ella está feliz. Y bueno, una moneda para la bandera de Venezuela. Y una más para la de Etiopía, como si las monedas fueran a llegar a los niños que siempre tienen hambre y sed en las fotos que vemos de ellos. Del otro lado de la alfombra de banderas pintadas, un señor que acompaña la chica me pregunta si me gustan y me dice que le tome una foto a él. Posa, hago click, nos reímos por un instante y sigo mi camino por Londres. A lo lejos el Big Ben da varias campanadas. Hace frío pero nos disponemos a bajar al Támesis que siempre luce como un inmenso mar.













P.D. Esta es la capital de Etiopía, la ciudad Adís Abeba, con 3.384.569 habitantes.
Abisinia era el antiguo nombre de este país. Me queda la duda sobre cómo será su bandera.

 
Fuente: Wikipedia.