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22 agosto 2010

Simple delicia nocturna

Una de las cosas que mas me gusta de estar aquí es el poder pasear caminando a cualquier hora. En Venezuela estaba vetado para nosotros debido a la inseguridad que siempre menciono y me sentía amarrada al carro. Me encantaba mi carrito pero también disfruto mucho de andar a pie. Cuando reflexiono y hago una lista mental de los pro y los contra de estar aquí, el que siempre sale a relucir en mi mente es el tema de la seguridad y lo que no podía hacer allá debido a ese problema.
Siempre tengo presente, cuando me entra una pequeña nostalgia, cómo era salir en Venezuela. Y no es que necesitáramos salir mucho, sino era más bien un deseo de estar en la ciudad, era un deseo por la experiencia citadina de sentarte a tomar un café al aire libre y mirar a la gente pasar mientras conversas de cualquier cosa, ese tipo de detalles. Las salidas tenían que ser dentro de un centro comercial y si decidíamos ir a un restaurante que quedara en plena calle en Caracas, yo miraba hacia todos los lados, miraba las caras de los otros por ahí, miraba los carros, me preguntaba: ¿este tipo es sospechoso? Y luego de darme una respuesta aceptable echaba a correr al carro y pasaba los seguros al instante. Si era de noche, iba rezando por el camino, mirando a los lados, mirando motos, carros, movimientos raros en la autopista y luego en la carretera hacia mi casa a ver si alguien me seguía. Me daba terror un secuestro express o un ladrón que no sólo deseara robarme por gusto si no también por resentimiento y me hiciera algo. A veces pensaba que eran cosas mías, pero hasta el periódico The Economist del Reino Unido, publica lo que pasa en Venezuela. Puedes leer el artículo aquí.
Pensaba sólo hablar de cosas positivas en mi blog pero no quisiera dejar de mencionar lo que ocurre en Venezuela y justo en las últimas semanas este tema parece haber repuntado allá en los medios de comunicación, lo cual creo que es necesario que hagan.

Arts

Mi sencillo sueño se hace realidad a diario en Londres: esa delicia de poder caminar por una ciudad a oscuras, a media luz, con sólo las farolas iluminando y a un ritmo suave mientras se miran tal vez las vitrinas de las tiendas ya cerradas a esas horas, viendo en muchas de ellas curiosidades para mis ojos venezolanos, deteniéndome a ver la gente conversando a la luz de las velas en restaurantes, a otros esperando para entrar al teatro, a unos más paseando sus perros o conversando fuera de un Pub. Así de sencillo, así de fácil. Me gusta ver a la gente disfrutando, ver a los turistas tomarse fotos por ahí, ver cómo cuando hace frío la gente sale en pantalones corticos y sandalias porque al parecer es verano en esta ciudad algo fría. Me gusta ver a la gente mayor, viejecitos, caminando sin miedo por ahí. Y no es que sea la ciudad perfecta, no es que no pase nada, no es que no haya violencia, no es que no haya que tener precaución, no es que no haya robos, no es que sea un lugar idílico, pero las estadísticas son diferentes. Si las comparo con Caracas me siento mejor y más segura. Es sólo una ciudad donde puedes caminar, donde puedes darte el lujo de ser peatón si hablamos solamente del tema de la seguridad. Al considerar otros aspectos consigo otras cosas maravillosas, pero tan sólo poder caminar a cualquier hora es ya para mí fascinante. Sólo hemos visto la ciudad de noche unas cuantas veces, pues aún oscurece muy tarde. Pero poco a poco el día se va acortando, se va terminando el verano y la noche caerá sobre Londres rápidamente. Entonces podremos deleitarnos con las luces de la ciudad y ver aquellas que realzan la arquitectura de los edificios graciosamente. Qué sencillo poder complacer a un peatón, que sencillo poder gratificar a los habitantes de una ciudad.

P.D. Puedes ver otro artículo aquí sobre Venezuela y su estado actual aquí.